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este es un 'teaser' de na de las dos novelas en que gasto mi tiempo libre (muy poco por cierto...)
Las arenas del tiempo
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Por Diego Robles
Para aquellos que creen en lo imposible Y logran que se convierta en realidad Y para aquel que un día me dio un libro… …Para leer un rato
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Los desconocidos
Dos tipos charlando de manera furtiva en la esquina más cercana al hogar de la chimenea de una taberna, alejada de todo rastro de civilización moderna… nada fuera de lo normal en un pequeño pueblo rondando el círculo polar ártico… allí donde el frío cala en los huesos y quema la piel más resistente, allí se traman planes, en los que el mundo se ve envuelto.
-ya te lo dije, no quiero arriesgar mi cuello solo por esto… si pienso hacerlo deberá haber algo que me llame la atención- dijo un tipo de aspecto rudo y porte firme, mientras que sostenía una mirada penetrante y desafiante hacia su interlocutor, un tipo delgado y vestido de fina manera, y de porte serio y reservado. - te lo dejaré más fácil… digamos que dos millones de euros cuando termine el asunto, ¿acepta mi propuesta?- dijo el otro sin dejarse intimidar por la mirada de su interlocutor.
-dos millones… mmm, suena interesante…, bien… lo pensare- dijo el otro, mientas se mesaba la barbilla. –entonces tome ud mi tarjeta y llámeme… estaré esperando su respuesta, caballero- dijo el hombre de aspecto serio y reservado; mientras le dejaba una tarjeta de color blanco hueso con dos iníciales grabadas en letras escarlata y por detrás un número de teléfono, se levantaba, estrechando las mano firme del tipo y dejando unos cuantos billetes, se dirigió rápidamente hacia la puerta, mientras que detrás de este se hacia un remolino blanco de nieve, al cerrarse la puerta del lugar.
Un poco más cerca del hogar de la chimenea, una mujer de hermosas facciones y un cabello rojizo que sostenía un pequeño libro, dejaba de prestar atención y sacando rápidamente una libreta hacia un par de anotaciones, y después apuraba lo que quedaba de su vaso de vodka. -¡vaya, vaya!- se dijo, -dos millones… es mucho para sobornar a un tipo sin importancia…, ya sé que va por algo más grande…- seguía pensando; -cuando tenga más haré mi informe, por ahora debo esperar- replico, y marcando la hoja donde leía, cerro el libro y se marcho de la taberna, segundos después de que el tipo de aspecto rudo se marchase también.
Al otro lado del mundo, un hombre de aspecto oriental sentado en su terraza en una barriada argentina, leía el resultado del fútbol local en el periódico; en la mesita de playa que tiene al lado hay varios periódicos de todo el mundo, algunos con reportajes marcados con círculos rojos, dispuestos en orden de fecha, mientras un telegrama precariamente se mantenía en la mesita, a causa de la brisa que corre en el lugar.
-señorita Manzini- dijo el oriental a una hermosa argentina de atractiva figura y rostro sensual, - por favor comuníqueme con el señor Mc Grath en el Cairo, y me lo pasa por la línea dos- replico, sin dejar de mirar el telegrama que había cogido, antes que la fuerte brisa lo elevara por los aires. - si señor Nakamura, en seguida lo comunico- dijo la joven con un sensual tono de voz, con acento argentino. Mientras tanto el oriental se tomaba tranquilamente una taza de té, y volvía a releer el telegrama.
-el señor Mc Grath por la línea dos como pidió, señor- dijo después de un pequeño lapso la joven; -gracias señorita Manzini, puede retirarse- dijo con voz calma Nakamura, mientras la joven le acercaba el teléfono al oriental. Nakamura espero a que la joven cerrase la puerta que da a la terraza para comenzar a charlar con el inglés. –Señor Mc Grath, dígame que lo que dice el telegrama no es una broma que piensa gastarme usted- dijo Nakamura con cierto tono seco en la voz.
-no, no señor Nakamura- dijo una voz algo ronca y con notable acento Inglés, -el telegrama es autentico, en estos instantes se están escaneando los textos del manuscrito, y dentro de un par de horas tendremos los primeros resultados del código heurístico que se diseño, señor - dijo con cierta satisfacción en la voz el Inglés; -por cierto…, Fongareff opina que se debe hacer un cotejo de estos datos con los del primer manuscrito, para verificar que no hayan errores, o que este manuscrito sea falso- hablo con franqueza Mc Grath de nuevo, aunque el timbre de voz denotaba cierta despectividad hacia el tal Fongareff.
-me parece una idea brillante la de Fongareff- replico el oriental, mientas se acomodaba una mancuernilla de oro de la manga izquierda, -que se haga lo que él dice, así habrá menos margen de error, señor Mc Grath- puntualizo de nuevo Nakamura – y por cierto, recuérdelo bien, Fongareff es el jefe del grupo de investigadores, así que no quiero problemas, si él tiene cierta opinión, le recomiendo que se limite a apoyarlo, señor Mc Grath…, recuerde que usted es… digámoslo así … prescindible- replico el japonés con tono frío y severo, -si piensa que por ser un joven que debería ir por la mitad de una carrera en la universidad, y que no tiene ni la mínima idea de la investigación que tiene en manos, se equivoca… así que respételo, aunque tenga la misma edad que su hijo- terminó por decir Nakamura.
- sí señor, entendido, señor- dijo el Inglés con un tono humilde de voz, -pero debe saber que alguien así no me es de confianza, no sé… siento que es muy joven para algo tan importante- dijo Mc Grath. -ud no se preocupe por eso, el joven Fongareff es de mi total confianza, además para eso lo tenemos en la palma de la mano…, ¿no fuimos nosotros los que lo becamos en Princeton y Keio, o me equivoco?- dijo el oriental con un gesto que se vería en el rostro de alguien seguro de su triunfo, -él chico nos debe lo que es ahora, así que no se atreverá a defraudarnos, de eso estoy muy seguro…, caballero… así las cosas nos veremos en San Petersburgo en tres semanas, cuando los informes finales estén listos, y después iremos a los laboratorios, dijo Nakamura con voz firme y clara.
-correcto, señor, en tres semanas- replico el Inglés con su tono de voz algo ronca y pausada, - sí, señor Mc Grath, según se den las circunstancias yo lo llamaré para avisar nuestra llegada- dijo el oriental- está bien señor-dijo Mc Grath, y despidiéndose en perfecto japonés colgó el teléfono.
Una semana después de la pequeña “reunión” del par de tipos en la taberna, la hermosa mujer de cabellos rojizos tomó un vuelo hacia Italia, cuidando de que no la siguiesen, cosa algo inverosímil, dado que nadie la conoce en un lugar tan apartado y distante de los sitios que suele frecuentar.
En el vuelo se sirvió unos emparedados que para el gusto de ella estaban algo rancios, aunque por suerte llevaba un par de pequeños paquetes de cacahuates consigo, eso, y un par de pequeñas botellas de ron, de las que suelen servir en primera clase y que ella logro ocultar de manera discreta en el bolso de mano, le sirvieron para hacer más “placentero” el vuelo. El tipo sentado al otro lado del pasillo era algo más viejo que ella, quizás unos ocho u diez años, vestía de traje entero, y aparentaba ser el típico hombre de negocios que va de un lado a otro por motivos de la empresa.
El hombre sentado junto a ella, del lado de la ventanilla iba plácidamente dormido, y curiosamente sostenía precariamente en la mano el mismo libro que ella iba leyendo. -Extraño mundo este-, se dijo, ¿-como un hombre como él este leyendo este mismo libro?- pensó de nuevo – si se despierta antes de que finalice el vuelo, le preguntaré acerca del libro- volvió a decirse, mientras que miraba el rostro del tipo; en ese instante un frío le recorrió la columna al reconocer al tipo que miraba en ese momento…-el chico de los laboratorios- se dijo mientras el pánico la inundaba, y buscaba la forma de zafarse de ese lió… -si despierta y me reconoce, ¡estoy frita!-, se dijo de nuevo.
Nakamura dejo el telegrama bajo un periódico, para que no saliese volando, luego llamo a la joven y le dio un par de órdenes, acerca de lo que se debía de servir para el almuerzo, y luego le repuso –cuando termine sus deberes, haga equipaje para una o dos temporadas, aliste ropa abrigada y también un par de trajes de gala, y algo de ropa fresca porque pasaremos unos días cerca de la playa… y por cierto haga lo mismo para mi, algo de gala y ropa fresca… lo dejo a su gusto, ya que sé que usted es muy acertada en ese campo- dijo de forma algo distraída mientras ponía atención a la taza de té que se estaba sirviendo.
-y lo demás lo empacaré después, de eso no debe ocuparse; luego reserve dos asientos en primera clase para San Remo para dentro de dos días y avise al señor Fongareff que nos veremos en San Remo de hoy en siete días, por favor-. -Si señor Nakamura, como ordene- dijo la hermosa joven con cierto tono de felicidad en la voz, luego de esto se retiro de la terraza mientras el oriental se terminaba otra taza de té.
-no son más que dos tonterías- pensaba el tipo… -dejar que entre y que salga lo más fácil y rápidamente del complejo- pensaba con cierto nerviosismo; -pero son dos millones, ¡dos millones!, con eso me jubilare un par de días después y me olvido de todo por el resto de la vida…- pensaba con euforia, mientras que sus dedos jugueteaban ansiosamente con la tarjeta blanco hueso con dos iníciales y un número de teléfono en escarlata, pensaba y repensaba la oferta del tipo… dos millones, entrar y salir rápido eran las palabras que su mente procesaba una y otra vez, una y otra vez; casi como un mantra.
Sacó un cigarrillo de la cajetilla que llevaba en el bolsillo derecho de los vaqueros raídos por el uso, y lo encendió con calma. Sorbió una gran bocanada de humo y luego de unos instantes lo dejo escapar lentamente, mientas se dirigía de nuevo a la caseta de la entrada de servicio en el complejo de laboratorios en que trabajaba.
(extracto del cap 1)
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